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El infierno.

En el bosque no había electricidad, por tanto no tenía luz eléctrica, ni lavavajillas, ni lavadora, ni televisión, ni esta puta mierda desde la que escribo.

En el bosque no había agua corriente. Teníamos un lago junto a nosotros para lavarnos y para beber.

Si querías ir a la ciudad a por comida, tenías que andar 1 h y media. En el bosque tenías 5 tipos distintos de bayas comestibles, varios hongos comestibles y si sabías cazar, ciervos, tejones, ardillas, erizos, …

En el bosque nadie tenía mala intención. Cuando un tío y una tía hablaban no era porque el tío quería cepillársela o porque la tía quería cepillárselo. Doy fe. Por increíble que os parezca.

Teníamos musco antiséptico para curar las heridas, una especie de turberas. Funcionaba. Doy fe.

Cuando tenías algún problema, no le dabas demasiadas vueltas. Ibas a por leña. Cortabas la leña. Hacías un fuego. Ibas al lago a rellenar los cubos de agua. Te fabricabas alguna herramienta de madera, o una taza, o un tazón, o una cuchara. Ibas a los talleres durante la semana-de-los-talleres y aprendías cosas.

Cómo fabricarte un arco. Cómo fabricar trampas para animales. Cómo aprender a estar alerta en la naturaleza. Cómo aprender a seguir huellas de animales. Cómo hacer fieltro, para fabricarte con lana una manta, o un sombrero, o cualquier otra cosa. Cómo despellejar a un ciervo muerto para poder usar la piel sin romperla y cómo conservar su carne y su grasa y qué hacer para curtir la piel y …

Podías trabajar con sus huesos. Hacerte un pendiente, un colgante, una figura, o cualquier otra cosa.

Cómo hacer que la lana de oveja sirva para tejer. Cómo fabricar cestos de 3 ó 4 formas diferentes.

Podías hacer todo eso y no echabas de menos esta puta mierda desde la que escribo, la televisión o descargarte música y películas de internet. Cuando había mucha gente allí, no necesitabas nada más. Cuando te quedabas sólo, echabas de menos tu ciudad. ¿Tu ciudad?

Echabas de menos a la gente. Vivir en el bosque es muy fácil si hay una comunidad. Que toca música espontáneamente, que bromea, que se cuenta sus problemas, que se apoya y que se da calor a sí misma.

Si necesitabas jabón, machacabas hojas de abedules en agua y tenías jabón. Oh, sí, funcionaba. Sé de lo que hablo. Sé de jabones. Hasta la textura era igual.

Ah, también podías navegar en canoa por el gran lago.

Pero entonces todo el mundo empezó a irse. Familia, amigos. Todo tira de ti. Quieres ver a toda esa gente que te gustaría que estuviera en el bosque contigo. Pero no están. Y tienes que irte.

El bosque es vida y la ciudad es muerte y me da igual lo que digáis. Porque yo puedo comparar.

Esto es el infierno.

[skip]

Miro a la pantalla. No hay mucho que decir, o tal vez sí, y aunque podría escribir más de cien páginas sobre más de mil cosas, nadie iba a leerlas. No recuerdo por qué me fijé en una hippie con felpa, no he vuelto a pisar un bar desde hace mucho tiempo, el horizonte sigue igual de oscuro que siempre y la vida sigue siendo una concatenación de tragedias y accidentes sobre los que nuestra voluntad poco puede.

Fracaso tras fracaso, hasta la Derrota Final.

8.

Lleva una felpa rosa que le deja una forma extraña en el pelo y me hace acordarme de Jimi Hendrix y de su adicción y sus ojos están tan pintarrajeados que parecen saludarte desde lo más profundo de un par de agujeros cavernosos y son maravillosos y quiero besarla y vive muy cerca y a menudo cogemos el mismo autobús aunque ella no suele fijarse en mí ni en nadie y se limita a escuchar música a través de sus cascos y yo me senté una vez a su lado y pensé que quizá podría haber algo entre nosotros pero luego me percaté de que no, de que no cabía posibilidad alguna.

Entonces ella, que es voluntaria de una organización no gubernamental que se ocupa de proporcionar refugio a las víctimas de alguna guerra en alguna parte por motivos que nunca menciona ni quedan claros en sus explicaciones a los desconocidos lo que te deja con la sensación de que posiblemente no lo sabe y no tiene ni idea, y que tiene el pelo teñido del color del cobre desgastado, se me acerca mientras camino y me dice que si tengo un segundillo. La miro y me fijo en sus ojos y quiero decirle que tengo todo el tiempo que ella quiera pero no se lo digo, la miro y me gustaría pedirle que nos largásemos de allí y me lo explicara sin esa maldita carpeta y nos besáramos y yo le explicara por qué no tiene ningún sentido que colabore en su campaña pero que podemos ser amigos y quizá podamos ser amantes y olvidarnos de que todo va jodidamente mal y me  mira y entonces le digo que soy un hijo de puta sin corazón.

Soy un hijo de puta sin corazón.

Y me dice que jo, que ya me vale y entonces me marcho dejándola atrás y arrepintiéndome de no haberme quedado a su lado escuchándola quejarse porque a veces las quejas no suenan tan mal.

Pero me marcho y me planteo volver a verla y cuando vuelvo a bajar la calle está ahí y sé que seguramente se fija en mí porque soy fácilmente reconocible y seguramente piensa que soy un capullo y yo me largo, para reafirmarme en mi condición de capullo ante mí mismo y para librarle a ella de la experiencia de confirmárselo a sí misma.

La próxima vez, me digo. Pero sé que es todo es una mierda para sentirme mejor y joder, no lo consigo. No me sirve de nada. Vuelvo a hundirme en la miseria. Me torturo pensando que jamás volveré a tener ninguna oportunidad con ella y quiero morirme y toda esa mierda porque. Pero he quedado y no hay tiempo que perder.

No quiero llegar tarde.

Hot_Sauce-Pain_100_percent

7. Venancio [II]

Quince minutos hasta la escalera donde habíamos quedado Venancio y yo. Y quince minutos más hasta que llegó y me acompañó al piso de ese par de desconocidos.Tenía el mismo aspecto de alguien a quien nunca verías durante el día. Todo vestido de negro con botas de cuero y el pelo engominado caído sobre la frente. Sin tener en cuenta el reloj de bolsillo que aunque barato siempre hacía las delicias de todos. Y hasta que cayó de espaldas y la aplastó con su propio peso un par de veces, solía llevar una petaca con absenta en el bolsillo de la camisa. De hecho, si ese día la hubiera llevado en ese bolsillo, aún llevaría esa petaca.

Venancio llamó al portero y ellos le abrieron y él les dijo que traía consigo un gitano. Y subimos las escaleras hasta el primer piso.

Los desconocidos bebían algo en un vaso y en la tele apareció un tipo que se parecía a David Carradine y luego una mujer que parecía Uma Thurman y entonces pensé que se trataba de Kill Bill 2.

Venancio me preguntó que si quería algo y le dije que un vaso de agua y él se sirvió un whiskey en su taza de los Power Rangers y le pregunté por el nombre de los dos tipos y me los presentó como Julián y Pankeke. Les miré y no dijeron nada. Parecían conformes. Hice un comentario sin sentido sobre la muerte de Carradine y luego me senté. Carradine, o Bill, decía que su superhéroe favorito era Superman porque se levantaba todas las mañanas como Superman al contrario de otros como Spiderman, que se despertaba siendo Peter Parker, y explicaba como Clark Kent, alter ego de Superman era, en realidad, una crítica, su crítica, la crítica de Superman, de toda la raza humana, cuando me vibró el culo y descubrí una mochila con un teléfono móvil dentro y entonces el tipo que no había expresado ninguna queja acerca del apelativo de Pankeke dijo que era el suyo y aquel a quien Venancio había bautizado como Julián nos comunicó que era hora de irnos.

Sin más salimos uno por uno por la puerta, con Venancio a la cola. Unos tíos nos esperaban abajo, en un coche. Les pregunté sus nombres y les dije el mío y les avisé de que era bueno que lo supiéramos por si había algún accidente y me pidieron que no les denunciase en caso de parálisis y me dijeron sus nombres y me pareció que estaban siendo sinceros. El primer problema que se nos presentó esa noche fue la cuestión del espacio. No cabíamos todos en el coche, éramos seis personas y no había suficientes asientos para todos, así que Julián se metió en el maletero y parecía que habíamos encontrado una solución pero no fue así pues rápidamente pidió que le sácaramos y nos dijo que era un agobio así que decidí que sería yo quien viajara en el maletero y todos estuvieron de acuerdo por unanimidad.

Era la segunda vez que lo hacía. Viajar en un maletero. La primera vez había más espacio y podía ver el resto del coche desde dentro y no había 45ºC y el viaje duró una hora y media.

Desde el maletero escuché los gritos del que yo pensaba que era Pankeke. Gritaba guapa y gritaba morena, y gritaba niña. Y también gritó guapo un par de veces y al conductor, que llamaré Mozo, y a quien se le caló el coche un par de veces, le gritó también y se rió de él y gritó por la ventana y de repente todos descubrieron que había un coche de la policía nacional detrás y se acordaron de que había un tipo, es decir yo, es decir, un tío en el maletero y entonces Pankeke dejó de gritar. Se le ocurrió que llegado el momento en que algún coche patrulla les pidiera los permisos y les solicitara que abrieran el maletero quizá pudieran emplear un acento cubano más o menos logrado que les sirviera como distracción.

Llegamos al destino y pararon el coche y abrieron el maletero y yo salí y un tío nos miró y me miró a mí y se marchó apresuradamente procurando no volver a dirigirnos la mirada.

Caminamos hasta que Pankeke y yo decidimos ponernos a mear y yo lo hice dentro de una cabina y luego seguimos andando hasta llegar a un bar donde Venancio me ofreció invitarme a algo y yo le pedí una cerveza a pesar de que no bebo, y él me dijo que lo entendía y me la pidió y la incoherencia no importó porque tampoco voy a bares.

Nos presentaron a otro tipo y una tía y luego vi a otra que llevaba una camiseta verde y a quien no me habían presentado y me presenté yo después de preguntarle el nombre a Venancio y ofrecí un poco de birra a la chica de la camiseta verde y observé como ambas le tocaban las tetas al copiloto del coche, en realidad, el dueño del coche, un tipo a quien aún no había mencionado y a quien ambas le tocaron las tetas y a quien llamaré Bob. Ciertamente, Bob tenía tetas de putón.  Les pidió que pararan porque se estaba poniendo cachondo pero ellas no pararon, al menos no pararon justo en ese momento, prefirieron esperar y continuaron un poco más y luego creo que sí pararon.

Venancio me dijo que yo era un hombre de mi tiempo cuando me senté en una butaca y entonces tras un tiempo indefinido fuimos a otro bar. El segundo bar, el nuevo bar, ya lo conocía y al llegar vi a un par de tías con un punki a quien conocía pero a quien no saludé ya que contaba con el beneficio de la droga, es decir, él la tomaba demasiado habitualmente como para acordarse de mí y yo agradecía su diligencia y entonces nos fuimos al fondo del bar y pusieron música de negros durante un buen rato y después algo bailable y Pankeke se subió sobre una pequeña tarima y nos obsequió con movimientos realmente conseguidos que me hacían envidiarle. La chica que me presentaron y que no llevaba camiseta verde y a quien llamaré Yolanda bailaba con él y luego subió la de la camiseta verde y Pankeke bailó con ella y parecía divertido y yo quería hacerlo pero no me atrevía y pensaba que me ayudaría pegarle sorbos a la cerveza de Venancio y me acordé de que yo nunca bebía pero eso no importó porque tampoco voy a bares.

Entonces subí y bailé y no tenía la habilidad ni la experiencia de Pankeke pero de vez en cuando, la tipa de la camiseta verde, a quien llamaré Paloma, por supuesto y como siempre por respeto a la intimidad ajena, sonreía ante las gilipolleces que yo era capaz de hacer y eso me bastaba para seguir haciéndolas aunque sabía, igual que lo sé ahora y que lo he sabido siempre, que el hecho de que una chica se ría contigo no implica en absoluto que le gustes, y que de hecho en según qué casos podría incluso ser al revés.

Prodigy tocaban Breathe gracias al tipo que manejaba la música del local y tuve que quitarme las gafas antes de que salieran despedidas aunque eso no me libró de que se me cayeran al suelo un poco más tarde pero no se rompieron y también bailamos Breathe y pensé que estaba haciendo el gilipollas y que necesitaba más cerveza porque la sobriedad era mi peor enemiga en ese momento y entonces terminó y empezó a sonar una canción lenta que nos invitaba a largarnos.

Estuvimos en otro bar en el que no pasó nada interesante a nadie excepto a Venancio, a quien una chica le pidió el teléfono y luego teníamos que irnos si queríamos volvernos en coche de Bob con Mozo, Pankeke, Yolanda y Julián y nos fuimos y Venancio no estaba conforme pero actuando de una manera sólo comprensible si uno maneja el concepto sociológico llamado Paradoja de Abilene, el cual postula que en situaciones críticas existe, en el pensamiento gregario, una tendencia a tomar decisiones poco satisfactorias, se unió a nosotros y nos marchamos y esperamos en una calle muy amplia a que nos avisaran para recogernos y mientras permanecíamos sentados en un banco Yolanda, Julián, Venancio y yo y después de que Yolanda criticara a mis espaldas, pensando que no la oiría, mis nociones de canto, un tipo muy borracho apareció y nos dijo que era del Cairo y que todos éramos hermanos y que se iba de juerga y no me hizo caso cuando le dije que se marchara a casa y durmiera y me dijo que su hermano le había ingresado trescientos euros este mes y yo le dije que posiblemente ya se lo había fundido todo en maría y él comenzó a cantarnos una canción y tocar las palmas y luego nos dió las manos y le dijo a Yolanda que era muy guapa y le pregunté que si alguno de los tres éramos novio suyo y Julián le dijo que los tres, y yo le dije que conmigo sólo hablaba y que con los otros dos se lo montaba y entonces el tipo se quedó perplejo y le dijo que tenía que quedarse con uno y ella le dijo que le gustaba estar con los tres y yo pensé que jamás sería novio de alguien que no apreciera mis nociones de canto, pero no dije nada, y entonces nos avisaron al móvil y pudimos largarnos dejando a nuestro hermano del Cairo con sus quehaceres nocturnos.

De nuevo al maletero en un tranquilo viaje en el que estuve a punto de quedarme dormido. Luego me abrieron el maletero y salí y me despedí y caminé quince minutos hasta llegar a casa y me di cuenta de que todo yo, incluida mi ropa y mi cuerpo, olíamos mal y a alcohol y a tabaco y me quité la ropa y no me duché porque era tarde y estaba cansado y me tomé un yogur y esperé a que se me secara el sudor y entonces me tumbé en la cama y me esforcé en no pensar en que te echaba de menos y no lo conseguí pero estaba demasiado cansado y me dormí.

Venancio [I]

Me dice que las relaciones humanas, por encima de cualquier otra cosa, ABURREN.

Venancio me mira y me pregunta.

Si pones a dos personas a ver una película que gusta a ambos, una vez y otra, ¿crees que cada uno se aburrirá exactamente al mismo tiempo que el otro?

Le digo que no. Le miro y le digo que creo que no.

Pues eso es la vida en general.

[Apart.]

Entonces se mira al espejo y quiere pegarse un tiro pero no se pega ningún tiro y sigue mirándose al espejo y sintiéndose cada vez peor y su imagen empieza a darle náuseas y aprieta los labios con fuerza para no vomitarse encima.

Entonces se acuerda de que fueron felices durante unos instantes. Fueron felices a veces y se acuerda y se mira al espejo y aprieta los labios y los dientes y cierra los ojos y desea que al abrirlos su cara no esté, y haya desaparecido, o haya muerto, o se haya desintegrado y transformado en polvo estelar o cualquier otra cosa por el estilo.

No está a punto de suicidarse de verdad y no se ha enganchado a las drogas y no pretende que nadie le escuche. Todavía no.

Tiene razones para suicidarse y para engancharse a las drogas y para pretender que le escuchen pero no se esfuerza y permanece callado. Quieto. En silencio. Y aunque necesita abrazos y comprensión se quedará sólo y eso será mejor que rodearse de desconocidos de quienes quizá sí y quizá no se sepa el nombre.

No está superando nada. No está asumiendo nada. No está dándose cuenta de nada. No está entendiendo nada. No está madurando en absoluto. No está a punto de salir del bache ni de comprender nada y tiene razones de sobra para morir. Tendría que morir. Al compás de las agujas exhalaría su último aliento y todo se terminaría en un par de segundos.

Fin.

Pero no.  Porque está acabado y prefiere no pensar en ello. No puede sonreír y no puede llorar y no puede experimentar la tristeza ni la alegría tal y como solía hacerlo porque ambas cosas han perdido todo el valor que tenían y él ha perdido todo el valor que le quedaba para enfrentarse a ellas.

Porque recuerda las manos y recuerda los besos y recuerda las sonrisas y recuerda las miradas y recuerda las lágrimas y recuerda las palabras y recuerda los abrazos y recuerda los sueños y recuerda las promesas y todo lo recuerda como si formara parte de la misma línea continua e infinita y no ve ruptura por ninguna parte pero la hay y ella lo sabe y él también lo sabe. Pero no quiere saberlo. Y está jodido. Él está jodido.

Y ella tomará todas las decisiones importantes una vez más y él se limitará a mirarse al espejo y querrá pegarse un tiro pero no lo hará y seguirá mirándose al espejo y su imagen empezará a darle náuseas y entonces apretará los labios con fuerza para no vomitarse encima.

5. La tarta de queso.

Haré una tarta de queso. Me he comprometido a hacerla y la haré. Mañana. Mañana tendré que llevar una tarta de queso al piso de nuestras amigas italianas, a quienes no conozco demasiado y con quienes tampoco hablo demasiado y ellas se la comerán. Se lo digo a Venancio que sorbe de su té frío y me mira perplejo y vuelve a sorber de su té frío. Es una tarta bastante rica.

Lleva cuatro huevos.

Y un poco más de un cuarto de queso fresco.

Y medio bote de leche condensada.

Y un poco de harina de arroz.

Algo de canela.

Y al horno.

Te juro que no. Que no. Que no es lo que tú te crees. No pretendo nada de eso. No tengo ningún interés de ese tipo. Si quisiera follar, bueno, joder. Haría otra cosa, pero no una puta tarta de queso. Una tarta de queso. No me jodas. Hacer una tarta de queso no te convierte en latin lover. Desde luego que no. Más bien te convierte en la jodida señora Doubtfire, así que no, por Dios, no. No es por eso.

Y no. Tampoco tengo ningún interés en hacer la tarta de queso.

Ellas se marchaban dentro de poco tiempo y pensé que les gustaría probar una tarta de queso. Colega. Sólo eso. Está buena. La hago bien. No es mi receta ni soy un experto. Sólo tengo que batirlo todo y meterlo en el horno, por el amor de Dios.

Ah.

Venancio me mira. Sorbe de su té frío y me mira.

Yo miro a Venancio y sonrío. Me siento estúpido.

Hay un silencio.

Silencio.

Entonces me mira, sorbe de su té frío y me mira y yo le miro a él y ambos nos miramos, y me pregunta que si estoy seguro.

¿Estoy seguro de que no hice esa proposición CON LA PUNTA DE LA POLLA?

Porque de verdad, me dice, de verdad que ese tipo de cosas se suelen hacer por eso.

Y más si ni siquiera tienes ganas. Sobre todo si hacer tartas de queso no te hace llorar de la emoción o te la pone dura.

Pero le digo que no. No tenía ningún puto interés de ese tipo. Sólo pensé que sería agradable, joder. Hacer una tarta de queso. Antes de que se largaran. Me parece un jodido bonito detalle.